El Cristo de la Síndone.
El Cristo de la Universidad de Córdoba, o como se le conoce popularmente, El Cristo de la Síndone, representa a un crucificado de proporciones perfectas, 1,81 metros de estatura y unos 79kg de peso. Debería estar colgado del madrero con un ángulo de 65 grados, con el brazo derecho dislocado por los esfuerzos para poder respirar. Hoy se sabe que los crucificados morían asfixiados en una lenta agonía.
Otros datos que nos sobrecogen. Tiene mas de 600 heridas que rasgan la epidermis. Representan el 60% de la superficie corporal. Su espalda, el pecho y las piernas están laceradas y erosionadas por las múltiples lesiones provocadas por el flagelo romano, formando por unas tiras de cuero terminadas en una punta en bolas de plomo que desgarraban el cuerpo de la víctima. Debieron realizarse por los esbirros y con la víctima ligeramente inclinada. El escultor ha trasladado a su obra más de un centenar de latigazos en un lugar exacto del cuerpo, tal y como se refleja en la Sábana de Turín.
La cabeza inclinada está representada con un casco de espinas de la especie Ziziphus jujuba, arbusto con un tronco espinoso y retorcido. Sus espinas no se rompen con facilidad y debieron penetrar hasta el cráneo de la víctima de la Sábana, donde se pueden observar más de 30 heridas.
Hay otras lesiones, como las erosiones de las rodillas por caídas, que, según la tradición, fueron tres, que corresponden a los pecados de las tres etapas de la vida del hombre: niñez, madurez y ancianidad. Además, tiene roto el cartílago nasal por un fuerte golpe.
Este Crucificado tiene un rasgo diferente a otros Crucificados. Los clavos de las manos. No están en la palma, si no en las muñecas. Era la posición más conveniente para aguantar el peso de un cuerpo de casi 80kg. Además, no se fracturaban ningún hueso, pero se lesionaba el llamado nervio mediano, que da la movilidad a la mano. El corte de este nervio provoca la flexión del dedo pulgar y dolores de paroxismo en el sujeto que lo padece.
El pie izquierdo aparece encabalgado sobre el derecho. Finalmente, la lengua y los dedos de los pies muestran un color azulado tras el fallo cardiaco que precedió a la muerte.
Miñarro contó con un equipo formado por médicos forenses y hematólogos que han identificado sin género de dudas las heridas, su disposición y la distinción entre la sangre pre y postmortem que debía reflejar la talla.
A dicho escultor le llegaron propuestas para hacer imágenes similares, pero el se negó.
``Este Cristo va a tener esa cosa especial de ser la primera y la última vez que haga una obra así, con esa exactitud´´














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